Si el ‘procés’ catalán está en retirada, qué les voy a decir del de Ziganda y su tropa, toda una banda en Montilivi. El esperpento perpetrado durante noventa interminables y aburridos minutos fue como para mandarle al técnico de Larrainzar a compartir piso con Puigdemont en Bruselas. Un exilio permanente y no revisable.

El viernes, ante Paco Jémez , se dictará veredicto en las urnas. Urrutia acatará o no lo salido de las papeletas, pero los socios y la afición, a modo de partidos políticos, creen que es el momento del cambio. Tras los ridículos ante Zorya, Ostersünd, Málaga, Formentera, Eibar y Girona; la paciencia se ha terminado. No recuerdo más de un par de partidos de los que he salido satisfecho este curso.

La ‘ocurrensia’, que diría el aldeano, de improvisar una defensa de cinco mientras hacía debutar a tres jugadores ha sido la gota que ha colmado el vaso. Tres entrenamientos a puerta cerrada metidos con calzador le han bastado para dar carpetazo a lo construido durante seis meses y lanzarse al vodevil esperpéntico. Sobre el campo nadie pareció haber asumido lo entrenado. Daban grima sin poder sacar el balón jugado desde atrás, con los tres mediocentros sin poder darse la vuelta, sin mirar a sus compañeros de vanguardia, limitándose a retrasar el balón una y otra vez sobre la defensa.

Experimentos, los menos, dice el manual del buen entrenador. Ziganda no lo ha leído, está claro, es evidente. Su alineación, a la altura de las de cualquier científico loco al estilo del Doctor Bacterio , le explotó en la cara en el minuto cinco y no se recuperó. El técnico del Athletic parecía un pulpo con ocho tentáculos llenos de pipetas y probetas burbujeantes que mezclaba al tuntún, sin orden ni concierto. Y con los alumnos-jugadores tapándose la cara para evitar quemaduras. Demasiados productos inflamables para una jornada 22, precedida del desastre ante el Eibar. Y con el Las Palmas asomando su necesitada patita.

Dudas e improvisación

Los de Machín nos cedieron gustosos el balón a la espera de nuestros errores. Sospechosos habituales, acabaron por reincidir. Y van… Los de casa sabían a lo que jugaban, poseían automatismos, estaban seguros de lo que hacían.

Los bilbaínos eran el ejemplo de la duda metafísica, de la improvisación heredada de tres simples entrenamientos. El balón era un incordio, parecía cuadrado entre los pies rojiblancos. Daba miedo tenerlo. A nuestros centrocampistas sólo les faltó silbar y mirar para otro lado.

Depresivo, indignante, calamitoso, qué decir del juego. La lástima ha dado paso a la rabia. Y Ziganda nos amenaza con repetir la función y el sistema. Ante los de Jémez, el viernes, puede colocar seis defensas, y volverá a pasar. Doble sesión, como en los cines de antes.

Pero si lo de Girona ya fue como una segunda parte de lo ocurrido en San Mamés una semana antes, pitada incluida. Déjate de probaturas Kuko y apuesta de una vez por mirar hacia la portería contraria. La estadística del equipo en disparos a puerta es para hacérsela mirar, como si los delanteros llevaran botas de dos números menos que el suyo.

Habrá que empezar de cero, con Ziganda o sin él. Gracias al nivel de esta Liga, por lo menos, ya tenemos 27 puntos, menos mal. De lo contrario, sería para echarse a temblar. Hacen falta objetivos ambiciosos, o es que Aperribay tenía razón. La temporada debe ser aprovechada, aunque sea para formar un grupo competitivo de cara al futuro. Nada de tirar el año. Somos el Athletic.

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Mundo Deportivo

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