Aunque aún quedará un mundo de 33 jornadas por delante, el dubitativo arranque liguero del Atlético le sitúa ante su primera final doméstica en su pretensión de llegar con aspiraciones -más allá de que los límites salariales de unos y otros no le obligan a pelear por esos lares- a esos 10 últimos encuentros en los que se decide todo. Tres partidos se antojan insuficientes para eliminar candidatos, pero la realidad marca que tras el empate en Mestalla y la derrota en Vigo, la distancia perdida por los rojiblancos respecto a Barça y Real Madrid ya se dispara hasta los cinco puntos. No caben más tropiezos.

Así que con tintes de final se presenta la llegada en pleno mes de septiembre del Eibar al Wanda Metropolitano por más que la puesta en marcha de los hombres de Mendilibar tampoco haya sido para tirar cohetes. No obstante, si de partidos a todo o nada se trata, el Atlético sigue probando que no falla. Sin ir más lejos, en agosto levantó toda una Supercopa de Europa en el encuentro que daba el pistoletazo a la temporada.

El credo imperante en el vestuario rojiblanco desde que Simeone se convirtió en el Dios rojiblanco también ayuda a afrontar el encuentro de hoy como si hubiera un título en juego. De hecho, hace prácticamente siete años que está prohibido mirar a largo plazo, con lo que la de esta tarde no sería más que una de las 38 finales que componen el camino hacia el incordio de los dos grandes.

Todo pasa por volver a la versión exhibida en Tallin, aunque tanto entonces como ahora muchos jugadores de la corta, pero ilusionante nómina de componentes de la plantilla rojiblanca, aún sigan en la búsqueda de su estado ideal de forma. El descontrol de los últimos minutos frente al Valencia y el Rayo empañando todo lo anterior, así como la desconexión durante la segunda parte de Balaídos en la que el Atlético dimitió del partido figuran como los errores a desterrar para lo que queda de curso, empezando por el mismo Eibar.

Simeone y su plantel invitaron a la reflexión tras el inesperado traspiés que deja al Atlético con sólo cuatro puntos de nueve posibles, pero regresan del parón con la lección aprendida: en el momento en el que desaparece la concentración y el bloque deja de trabajar como un rodillo, la grandeza del equipo se desmorona. Quizás por eso se atrevió a afirmar entonces que se encontraba más tranquilo que nunca. Por eso hoy llega sin ninguna duda.

Vuelven Juanfran y Ramis

Tampoco el Eibar recuerda al equipo fiable de Mendilibar pese al triunfo in extremis ante la Real Sociedad de la última jornada, con lo que el Atlético se le viene encima tanto como una exigente piedra de toque como una buena oportunidad para despejar dudas y recobrar la confianza.

En el cuadro armero aporta una buena dosis Ramis, uno de los hombres de confianza de Mendilibar, en su estreno en la competición. En el Atlético, la vuelta de Juanfran alivia las bajas de Arias y Savic. Aún así, tampoco serviría como excusa, el tren de la Liga no espera por nadie.

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