Las casualidades no tienen cabida en el deporte. Habrá que concebir entonces como un hecho normal y justificado que el Atlético de Madrid sea la horma en el zapato del Eibar. La piel colchonera no favorece a la propuesta armera. Ipurua lo lamentó por enésima vez en una tarde ramplona para los guipuzcoanos. La victoria de los hombres que dirige Simeone sólo cabe apreciarla desde el punto de vista lógico.

El Atlético de Madrid siempre sabe cómo ganar y cuando no lo consigue es porque falla en la ejecución. No fue el caso de Ipurua. Al Eibar se le atragantan los oponentes que son prácticos, exactamente lo que pide Mendilibar a su tropa. Si los polos opuestos se atraen, Eibar y Atlético de Madrid redundan tanto en algunas ideas que sólo hay cabida para la ley del más fuerte. En este punto no hay discusión: el Eibar tiene las de perder.

Fue un partido en el que el Eibar fue mucho peor de lo que ha venido atesorando semanas atrás. Thomas, un elemento que aporta sin necesidad de brillar, Saúl y Koke anularon por completo a Dani García y Jordán. Y cuando la medular del Eibar no responde, el esquema salta por los aires como si fuera un cortocircuito.

Los centrocampistas del Atlético de Madrid jugaban de memoria y al Eibar le entró un ataque de amnesia. Los visitantes recuperaban y se estiraban con tanta facilidad que se presentaban en el área de Dmitrovic con extrema libertad. De esta guisa fue el 0-1. Koke, Griezmann y Gameiro conectaron para la ‘revolución francesa’ del Atlético a cuatro minutos de cumplirse la media hora.

Orellana aclara el paisaje

Nadie lo sabía a ciencia cierta, pero el Atlético de Madrid había cerrado el partido para el minuto 26. Como no se podía contrastar la información hasta el final, Simeone no tuvo el mínimo inconveniente en atar el partido con un cerrojo. Si en la primera mitad había noqueado al Eibar gracias a la presión de su centro del campo, el argentino ideó lo que en Italia denominarían ‘catenaccio’ para la reanudación.

No disimuló. Los diez jugadores de campo a cerrar filas detrás del balón y agazapados en la guarida del área que con tan pasmosa seguridad cuida Oblak. No existe mejor guardián posible para una portería. Si el eslovaco no es imbatible, está muy cerca de serlo.

El remedio de José Luis Mendilibar a la derrota fue fiar la banda derecha a Orellana en detrimento de un apagado Alejo en el descanso. El chileno aportó claridad en su primera aparición ante su nuevo público. Control limpio, pase infalible y profundidad. Le faltó concretar, pero dio pistas sobre sus capacidades.

No eran suficientes para intimar a un Atlético de Madrid plácido en su cometido único de conservar el resultado. Simeone hacía lo posible por ganar 0-1 y no 0-2. Con otro equipo buscando este mismo objetivo el resultado suele ser el empate, con el Atlético de por medio la quietud en el luminoso es lo más probable.

El Eibar dejó las contemplaciones a un lado quizá demasiado tarde. Tocó a rebato Inui en el minuto 84. Su jugada, marca de la casa, terminó en un fuerte chut que detuvo Oblak. Primera intervención del meta.

Kike García peinó un centro del debutante Pape Diop que se fue acariciando la madera, como si fuera una cosquilla. El último aliento armero fue penalti, pero Mateu Lahoz no lo señaló. Augusto cometió mano dentro del área en su afán de trastabillar un remate desesperado de Orellana.

No había tiempo para más y Simeone cumplió su objetivo: ganar 0-1 y no 0-2 .

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Mundo Deportivo

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