En el minuto 89 del partido bastantes de los más de 10.000 aficionados que viajaron a Gijón para alentar al equipo y de los muchísimos más que lo hacían desde sus casas por la radio igual pensaban que, por segundo año consecutivo, el título de Liga se le iba a escapar a su Real Sociedad en la última jornada. Así había sucedido en la 1979-80. Los más veteranos pensarían incrédulos que la maldición de Monsier Comet lanzó en 1913 debía ser verdad y la Real nunca sería capaz de ganar un título.

Mucho más que un gol

Con el 2-1 en el marcador de El Molinón y un 1-3 en el de Zorrilla de un Real Madrid con Juanito de rodillas en dirección al vestuario cumpliendo su promesa si ganaba el título, lo que ocurriría si la Real no sumaba al menos un punto, Periko Alonso recibió un pase de Julio Olaizola. Escorado en banda izquierda, mandó el balón al área, consciente de que podía ser la última oportunidad. Castro despejó de puños, pero el balón le cayó a Gorriz. Y, como suele decir él, su peor tiro a portería se convirtió en el mejor pase: el esférico le cayó a Jesús Mari Zamora, que consiguió el gol de su vida. Y el de muchos seguidores realistas.

El 26 de abril de 1981 la sociedad guipuzcoana se olvidó por unos momentos de la complicada situación que atravesaba, con ETA en el centro de casi todo, y celebró en unión el primer título de Liga de la historia de la Real Sociedad. Era lo que muchos decían que unía a todos los guipuzcoanos cada fin de semana, sin distinguirse la condición política de cada persona.

El mayor éxito de su ya centenaria vida había estado muy cerca de llegar un año antes, cuando después de 32 jornadas sin perder, el equipo dirigido por Alberto Ormaetxea afrontó la última jugándose el título con el Real Madrid. Los blanquiazules, líderes con 50 puntos, cayeron en Sevilla y los blancos no perdonaron y se alzaron con el campeonato. Muchos aficionados realistas, como hemos apuntado antes, se acordaron de la maldición de Julian Comet. El que fue el impulsor del ciclismo en Guipúzcoa, enfadado por la transformación del velódromo de Atocha en campo de fútbol, deseó la peor de las suertes al equipo de fútbol que, para más inri, había nacido en el Club Ciclista San Sebastián que él había fundado. «La Real nunca ganará un título», afirmó.

Un equipo hecho en casa

Las derrotas en las Copas del Rey de 1913, 1928 y 1951, y la Liga que se acababa de escapar parecían darle credibilidad a ese mal fario, que un modesto conjunto de cantera se encargó de dejar en anécdota un año después. Con su empate final en El Molinón y la consecución de su primer título, la Real demostraba que se podía ganar con sólo futbolistas de la casa.

Arconada, Celayeta, Gorriz, Kortabarria, Olaizola, Diego, Alonso, Zamora, Idigoras, Satrustegui y López Ufarte formaron un alineación que todo el mundo se sabía de carrerilla. Era la de un modesto club de formación que superó a los poderosos con aquellos chavales de bigotes que propiciaron que muchas personas de fuera de Guipúzcoa se hiciesen de la Real por ellos. Cada 26 de abril desde aquel inolvidable de 1981 es un día especial para cualquier txuriurdin.

El bienio balquiauzl

El dominio de la Real Sociedad en la Liga se extendió a la temporada siguiente a la de su primer título de Liga. También tuvo que esperar a la última jornada para ponerse la txapela. Lo hizo con un triunfo sobre el Athletic en Atotxa que le sirvió para superar en la clasificación al Barcelona por dos puntos. El dominio de los equipos vascos se prolongó dos temporadas más gracias al Athletic de Clemente.

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