Las finales Real Madrid-Atlético se disputan a 120 vidas, 120 arrugas, 120 asaltos, 120 sustos, 120 historias y 120 conclusiones. En la primera de los tiempos modernos sin Cristiano Ronaldo el Atlético reventó los guiones de la edad antigua.

La primera conclusión es que la plantilla rojiblanca es mejor y más completa que la madridista por primera vez en las últimas décadas. Cada cambio del Atlético mejoró el equipo. Cada relevo del Madrid, no.

El estreno de Julen

En la foto del acta se veía a un Atlético con tres campeones del mundo: Lemar, Lucas Hernández y Griezmann, por uno del Madrid, Varane.

Un matorral rodando, una bala perdida en la arena y un balón a Diego Costa. Así saludó el Atlético a Lopetegui en su primer derbi oficial. Un estreno contra el grupo de Simeone supone ir a Omaha el primer día del servicio militar. El paisaje de Lopetegui era luminoso: Cristiano con la Juve, Rubiales en el palco, Modric en el banquillo y un gol en contra a los 50 segundos.

Diego Costa y el Western

Para el Atlético un gol tan pronto en una cita tan especial suponía un amago de dar por terminada la temporada. En un instante el partido pasó de disputarse en Tallín a Lisboa. Fue precipitado meterse en la espinillera de Oblak.

El partido pasó a ser un entrañable duelo entre Sergio Ramos y Diego Costa, dispuestos a controlar misiles con el occipital. En cada disputa sonaba Ennio Morricone. El plan del partido se hizo en Lagarto, la patria chica del ariete, encantado de destrozar a la defensa blanca en todos los balones en los que había que enseñar el carnet de identidad.

Las cartas de Cristiano

Hay veranos complicados como aquellos en los que un socio de la pandilla decide veranear por su cuenta, una puñalada a los estatutos no escritos de la amistad y la fidelidad, algo mucho más grave que mear en la piscina del jefe del grupo.

El infiel ha conocido a alguien en otro sitio y encima manda mensajes contando lo bien que se lo pasa sin su antigua panda de amigos. Cristiano ha iniciado una corrosiva relación con sus antiguos compañeros. El intercambio de cartas de amor promete.

El brazalete de Gabi

También era el primer día del Atlético sin dos banderas, Fernando Torres y Gabi. El medio sabía cuándo ir a la derecha, cuándo ir a la izquierda, cuándo abrir el grifo, cuando cerrarlo, cuándo apretarse el brazalete, cuando hacer una faltaza, cuándo protestar y cuando morderse la lengua y el labio al mirar a un rival, una virtud que no está bien analizada en los libros. El tipo que se muerde con maestría esas superficies para imponer la ley tiene ganado su territorio, ya sea en el barrio o en el fútbol profesional. Por eso se elige a un capitán. En el lugar de Gabi el Atlético ha encontrado a Rodri, el próximo guarda forestal de la selección española. El pivote va por el campo con un traje a medida.

Un futuro sin VAR

Una Supercopa entre dos equipos que suman 150.000 socios se disputó en Tallin, un estadio de cerillas con capacidad para nueve mil personas. Además, como un corte de mangas a Apple y las nuevas tecnologías, la UEFA del reloj de arena camina sola y se deja el VAR en la despensa. No le interesa. Que mande el árbitro aunque sea con errores.

El día de Courtois

Un equipo no ficha a un portero como Courtois para que se inicie un debate sobre su titularidad sino para cerrarlo durante años. Cualquier partido de Keylor lleva la etiqueta del último párrafo antes de que el belga de tamaño dos viñetas monte una finca en la puerta blanca.

El universo ha cambiado. El Atlético ya no gana 1-0, resiste en las prórrogas y el Mono Burgos sigue invicto como director europeo del banquillo. El Madrid de los cuatro goles regalados pensará otra vez en cuánto cuesta Neymar. El Atlético está para todo.

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