La convicente segunda parte del Madrid ante el Sevilla ha tenido efectos regeneradores en la afición y en la confianza de un equipo irregular. Por primera vez en muchos partidos, la afición salió del Bernabeú de una pieza. Sin un rasguño. Media oportunidad de Escudero y ya. Ni un susto, ni un mal rato, ni un cuarto de hora viendo cómo su equipo es bailado por cualquier pelagatos. Al contrario. Un buen arranque del Madrid, un periodo valle en la primera parte y una segunda mitad de academia. Se jugó a lo que quiso Modric, Casemiro metió un gol de bandera, Benzema aguantó como un torero con un dedo colgando de una férula y Vinicius es la alegría de la huerta. Cualquier día de estos, su disparo de interior va a entrar por la escuadra en lugar de quedarse en un tirito inofensivo y el gol se festejará con una balacera en el estadio. Como en la rumba de Pedro Navaja, los dientes blancos de Vinicius iluminan toda la avenida.

¿LE DA O NO?

La pregunta inmediata es si al Madrid, con lo visto hasta ahora, le alcanza para meter mano al cogollo de la temporada sin deshacerse por el camino. Si el oasis de esos ratos buenos que ofrece el equipo de vez en cuando van a ser más frecuentes. El inventario arroja un Madrid sin plan, sin trazo, sin goles, con un entrenador en permanente estado de provisionalidad, con una enfermería atestada, con Isco en modo cactus, con Marcelo rebajado de servicio y Bale abandonando el Bernabéu antes de tiempo para que no le pille el atasco. En la columna de cosas buenas, la firmeza de Solari en algunas decisiones, el entusiasmo de los chavales, la calidad de los viejos totems de la plantilla y una resistencia a la derrota que viene en el manual del madridista cuando se firma un contrato profesional o sentimental.

UNA QUIMERA

Que esto sea suficiente para voltear la Liga, ganar la Champions o la Copa del Rey parece una quimera. Solari hizo un llamamiento a la patria con los rescoldos de la zurra al Sevilla aún calientes. Si Modric mantiene el nivel, si Benzema no se opera, si Vinicius las mete, si al Ajax le impone el Bernabéu, si el Barça flojea, si Isco se pone las pilas, si Marcelo vuelve a su peso, si Bale no vuelve a lesionarse… Demasiados condicionantes auspiciados por una buena segunda parte. Que el Madrid haya abandonado, por una tarde, su aire decadente no debería ser argumento suficiente para subirlo a los altares. Pero nadie puede negar que salir del barro es una de las especialidades de la casa.

ESPECTÁCULO

El trasnoche tiene premio. Estos días, ellas y ellos están dando espectáculo en el Open de Australia. Espectáculo en lo suyo, que es convertir en arte el tenis, y en dar normalidad a lo excepcional. Ver a Federer esperar, como cualquiera, ante un puerta que no te deja pasar porque vienes sin papeles dice mucho del puerta y de Federer. Ver cómo encaja Garbiñe acabar un partido a las tres y media de la madrugada por causas de fuerza mayor, sin perder la sonrisa ni gastar aires de diva, es reconfortante. Ver a Nadal reirse sanamente de las cabezadas de un periodista, víctima del jet lag, o vacilar con McEnroe sobre su fisio y sus lesiones ante miles de espectadores dice mucho en favor de un gremio que sabe divertirse.

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