Todos los aficionados que vivan con pasión las próximas 24 horas quizá no acudan con el cuerpo más fresco posible a Anoeta pasado mañana, cuando la Real reciba al Celta. El frenesí de la fiesta habrá hecho mella. Muchos se acordarán de que hay múltiples antecedentes en los que el equipo de la ciudad se metió de lleno en el jolgorio con sus buenos resultados, como si tocaran el tambor sobre el campo al son de Sarriegi. El reflejo deportivo de los últimos 15 años va en consonancia con la algarabía que se apodera de la capital guipuzcoana.

No está el asunto para tirar cohetes. La Real no convence en los tiempos que corren y deambula por la Liga en lugar de recorrerla con paso firme. Menos mal que a mediados de enero resurge el santo para rescatar a los txuri urdin y bendecirles. Hay dónde agarrarse. Los tres últimos lustros dan la razón a todos los que creen en el simbolismo de jugar el Día de San Sebastián y alrededores.

La Real sólo ha jugado en una ocasión desde 2002 precisamente el 20 de enero. Fue cuando el equipo militaba en Segunda División. Gaizka Garitano e Iñigo Díaz de Cerio por partida doble endulzaron si cabe la jornada con sus goles para un 1-3 que los realistas se trajeron de Córdoba. Era 2008.

Anoeta registró una explosión de júbilo sin parangón el 19 de enero de 2013. Aquella víspera de San Sebastián el huésped de la ciudad era ilustre, nada menos que el Barcelona del recordado Tito Vilanova. Para desdicha de los presentes, los pronósticos se estaban cumpliendo para la media hora de juego porque los blaugrana ganaban 0-2 con tantos de Pedro y Messi.

La apoteosis se fue fraguando gracias a un doblete de Chory Castro. Fue Imanol Agirretxe quien agarró el bastón de mando, como si presidiera el tablao de la Plaza Constitución en plena izada, al conectar un soberbio remate en el último suspiro. Pocos ratos se recuerdan en el estadio donostiarra con semejante arrebato de emoción. La Real había remontado dos goles al Barcelona a escasos minutos de la gran fiesta del año.

El 21 es el peor día del año

La familia txuri urdin se volcó hace un año en emular la hazaña. De nuevo el Barcelona un 19 de enero. No había nadie que no se retrotrajera al 3-2 de 2013, pero sabido es que segundas partes nunca fueron buenas. En este caso el partido correspondía a la ida de los cuartos de final de la Copa del Rey. Un solitario gol de Neymar desde el punto de penalti decidió. La Real jugó ardiente, sí. No con el suficiente acierto como para apretar al todopoderoso. Hubo que ir a la Consti sin una hombrada que celebrar.

Existe otro antecedente con menos ruido en la era contemporánea. La Real jugaba un 19 de enero de 2014 en el campo del Getafe. Dos tantos de Imanol Agirretxe oficiaban de redoble, hasta que los madrileños empataron. Dos dianas de Marica y Pedro León que apaciguaron las notas de Iriyarena.

A principios de década, en 2003 y 2004, la Real hizo las labores pertinentes de calentar la fiesta con dos victorias en Anoeta. En ambos casos a 18 de enero. Fue el Celta, mismo adversario de pasado mañana, el equipo que salió malparado del frenético enero donostiarra. 1-0, gol de Javi de Pedro. El Espanyol claudicó 365 días después, también un 18 del primer mes del año. Karpin, Igor Gabilondo y Nihat tumbaron a los pericos (3-1) 48 antes de que se instalara el delirio en la capital de Gipuzkoa.

Todos los que acudan el domingo a Anoeta para comprobar si la Real resucita contra el Celta de Vigo coincidirán en que será el peor día del año, con independencia del resultado. Una reflexión lapidaria para los defensores incondicionales de la Tamborrada. La Real se encargó de corroborarlo en 2007, cuando tuvo que jugar en casa contra el Valencia un 21 de enero. Derrota por la mínima merced a un gol de Villa (0-1).

Dependiendo de lo que suceda el domingo, unos apelarán al ‘penak zokora’ y otros proclamarán: ‘Gu beti pozez, beti alai’

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Mundo Deportivo

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