Hay vida más allá del primer equipo en el Eibar. El cuadro dirigido por José Luis Mendilibar es el motor y el eje sobre el que gira la pirámide deportiva, pero una de las prioridades de la entidad armera en los últimos años ha sido la de dotar de mayores prestaciones al fútbol base. El margen de mejora todavía es amplio, pero no le faltaba razón a Fran Garagarza hace dos semanas cuando calificó de «inmejorable» la campaña realizada por los diferentes equipos de las categorías inferiores.

La permanencia del CD Vitoria en su primer curso en Segunda B, el ascenso del Eibar Urko a División de Honor, el cuarto puesto del División de Honor Juvenil -la mejor clasificación de su historia- o el ascenso a Liga Vasca del segundo equipo juvenil son algunos de los hitos logrados a lo largo de la temporada. Todos y cada uno de los objetivos marcados a principio de curso se han cumplido y la satisfacción dentro de la entidad por el nuevo salto que ha dado la cantera está justificada.

Ahora toca seguir creciendo y para dar un nuevo impulso será fundamental la construcción de una Ciudad Deportiva. La calidad de unos terrenos para poder trabajar es uno de los aspectos en los que más distancia existe con la mayoría de equipos de la máxima categoría. Hay pocos campos de fútbol en la ciudad armera y además estos se deben compartir con Eibartarrak y Urki, los otros dos clubes eibarreses.

El proyecto de la Ciudad Deportiva será uno de los grandes retos de la gestión de Amaia Gorostiza. Hace un año que la mandataria eibarresa se impuso en las elecciones y todavía no se ha decidido la ubicación del hogar en el que trabajarán los jóvenes del Eibar. Pese a las presiones recibidas en los últimos meses por construirla dentro de la ciudad, el Consejo no las tiene todas consigo debido a los altos costes que supondría si se compara con otras zonas más asequibles fuera de Eibar.

Habrá novedades en los próximos meses, aunque la Ciudad Deportiva no verá la luz hasta 2020. Mientras tanto, el fútbol base debe seguir creciendo. Será complicado que lo haga al mismo ritmo que en los últimos doce meses, pero hay mimbres suficientes para creer que en un plazo corto de tiempo pueda dar el salto al primer equipo algún canterano. El último en hacerlo fue Capa, hace más de siete años. Ha llovido demasiado desde entonces y en los últimos años ningún jugador del fútbol base ha logrado hacerse un hueco en el primer equipo.

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