En el sur de Bruselas llevaban muchos años sin ver unas semifinales de Copa. Sin embargo, en esta 2018-19, el histórico Royale Union Saint-Gilloise (ganador de 11 ligas belgas) ha vuelto a llamar a las puertas del triunfo. Y lo hace con los españoles Carlos David Moreno y Urtzi Iriondo en plantilla. Los bruselienses jugarán esta semana el partido de ida ante el Malinas tras un camino plagado de gloria dónde eliminaron al todopoderoso Anderlecht y al KRC Genk, el flamante líder de la liga belga.

Dos españoles en Bruselas

Carlos David Moreno (Mérida, 1986) ya sabía lo que era jugar en Bélgica. En 2009, el central abandonó el Valencia B para fichar por el Excelsior Mouscron que entrenaba Miroslav Djukic. «Firmé contrato por tres temporadas pero la aventura se acabó a los seis meses, cuando el club desapareció por impagos», cuenta Carlos a MARCA desde Bruselas.

Tras aquel mal recuerdo, toda una carrera en la categoría de bronce del fútbol español. Teruel, Celta B, Melilla, Cartagena y un Huesca con el que conseguiría el ascenso a Primera la temporada pasada. Tras un éxito histórico, club y jugador acordaron la rescisión de contrato, y fue entonces cuando el Saint-Gilloise llamó a su puerta. «Los conocía un poco. Sabía que eran un equipo histórico y que estaban planeando un proyecto ambicioso. Están asociados con el Brighton de Premier League«, explica.

Urtzi Iriondo (Zabeiro, 1995) se formó en Lezama. Tras sendas cesiones a Elche y Granada decidió cambiar España por Bélgica y firmar contrato con el Saint-Gilloise. «Me llamó mi representante y me contó el proyecto del equipo. Querían subir a Primera y pensé que podía ser buena oportunidad. Bueno, no lo pensé mucho (risas). Al final creo que fue una buena decisión», cuenta Iriondo a MARCA.

El Union, un histórico que quiere volver

‘Les Unionistes’, como son conocidos los hinchas de este club, tienen el honor de pertenecer al décimo club más antiguo de Bélgica. Y también a uno de los más laureados. Sin embargo, los 11 títulos de liga que ostenta el equipo bruseliense son de antes de la II Guerra Mundial. Después, oscuridad. En 1973 descendieron a Segunda e iniciaron un periplo por el infrafútbol belga del que todavía no han conseguido salir.

Y esto, sin embargo, nunca ha sido motivo de desánimo para los más fieles del equipo del sur de Bruselas. «La mayoría de los equipos belgas, quitando los clubes importantes, no tienen grandes aficiones, pero lo que sí es llamativo es que los nuestros son muy ruidosos y juguemos donde juguemos se hacen notar«, explica Carlos David.

«Solamente si ves la fachada de nuestro campo… Te impacta. Es fútbol antiguo», cuenta el emeritense. El Stade Joseph Marien, situado en el Dudenpark del sur de Bruselas, es uno de los muchos estadios que se resisten a ser demolidos aprovechando las maltrechas economías de los equipos belgas. Sin embargo, el Saint-Gilloise intenta, poco a poco, resurgir.

Una Copa para el recuerdo

Todo empezó el 25 de agosto de 2018, cuando el Union Saint-Gilloise debutó en la Copa Belga en quinta ronda, ante el City Pirates Antwerp, un equipo amateur de la ciudad de Amberes. Un 3-0 cómodo y a siguiente ronda, dónde ya esperaban los equipos de Primera División. Fue entonces cuando el sorteo, por capricho, emparejó al Anderlecht y al Union. Dos equipos de Bruselas. Derbi capitalino en el campo del gigante belga. Todo indicaba que el sueño copero de Iriondo, Carlos David y compañía acabaría en el mes de septiembre. Pero no fue así.

«Bueno, como en todas las competiciones los partidos de fútbol hay que jugarlos», adelanta Carlos David. Y tanto. El Union aprovechó la crisis institucional y deportiva del Anderlecht para infringirle una derrota tremendamente dolorosa: 0-3 y a octavos de final. «Fue una sorpresa la victoria porque más allá de nosotros nadie la esperaba. Sabíamos que sería difícil, el Anderlecht es el mejor equipo de Bélgica, con mucha historia, pero sabíamos cómo poder hacerles daño. Nos salió el partido perfecto», recuerda Iriondo.

En octavos el sorteo fue benévolo y emparejó al Union con uno de los tres equipos amateurs que todavía quedaban con vida. Con algo de suspense, los bruselienses ganaron 3-2 al Knokke y se plantaron en cuartos de final. El rival, el intratable Genk de Pozuelo. Un equipo que lidera con mano de hierro la Liga belga y avanza con paso firme en la Europa League.

«Contra el Genk nos tocó jugar ante nuestra gente, y eso era un plus. El Genk salió solamente con cuatro titulares. No sé si se confiaron o no, pero tuvimos fortuna y acabamos ganando en la tanda de penaltis», relata Carlos. Estaban en semifinales.

Ahora, y cuando ya parece que nada puede ser más difícil, el sorteo empareja al Saint-Gilloise con otro equipo de Segunda División: el histórico KV Mechelen (Malinas). Un equipo que el año pasado estaba en Primera División y que fue el último equipo belga capaz de ganar un título europeo: la Recopa 1987-88.

«Sabemos que será difícil. El Malinas tiene una gran plantilla, un presupuesto alto, ha hecho equipo para ascender… Y tiene jugadores muy interesantes», explica Iriondo. «Este año hemos jugado tres veces contra ellos en liga debido a la peculiaridad de nuestro formato, y no hemos conseguido ganarles en ninguna. Hemos empatado una y perdido dos. Nos tienen tomada la medida. Pero esta es una competición diferente. Confiamos«, añade con confianza Carlos David.

La ida, este miércoles en Malinas; la vuelta, el próximo martes 29 en un Stade Joseph Marien que ya ha colgado el cartel de no hay billetes. Y es que a ilusión no les gana nadie.. La otra semi la disputan este jueves KAA Gent y KV Oostende. Quién sabe, quizás el próximo rival de Carlos David y Urtzi Iriondo.

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