Han pasado tempestades y gloria, sufrimientos y tardes de enorme gozo. Luis Suárez debutó un 7 de febrero de 2007 con 20 años recién cumplidos en la selección uruguaya que ya dirigía el ‘Maestro’ Oscar Tabárez, y el miércoles, ante Arabia Saudí, llegará a su partido número 100. La estadística oficial dice que ya convirtió 51 goles, es el máximo artillero con la camiseta celeste, y amenaza ir por más.

La memoria vuela rápido y recuerda episodios. En Sudáfrica 2010, un gol suyo ante México consagró el primer lugar en el grupo y dos más ante Corea del Sur, el pasaje a cuartos de final. La mano ante Ghana en la semifinal, con esa suerte de oficio de portero generado en los picados en los días previos a los partidos en los cuáles el punta azulgrana va invariablemente al arco, tuvo una importancia comparable con el mejor de sus goles. Evitó la conquista africana en la hora de los 120 minutos, y penalti fallado por Asamoah Gyan mediante, abrió las puertas de la definición por tiros capitales que depositó a Uruguay en la semifinal del Mundial.

Un año después, fue decisivo en la Copa América de Argentina, con título de campeón y reconocimiento como el mejor jugador del torneo. Dos goles en la semifinal y otro en el inicio de la final rubricaron su gran actuación.

En Brasil 2014, una operación de menicos amenazó con radiarlo de la Copa. Su convicción, la mano del fisioterapeuta Walter Ferreira, alimentaron una recuperación record. Volvió ante Inglaterra con dos goles memorables que todo Uruguay recuerda. En el siguiente partido, ante Italia el episodio con Chielini lo sacó del Mundial, y lo eliminó por los siguientes nueve partidos oficiales, lo cuál sumado a algún otro amistoso que jugó la celeste, determina que ya debería haber llegado al menos a 110 partidos.

No jugó la Copa América de Chile 2015 por la suspensión y volvió en marzo del 2016 ante Brasil en Recife, muy cerca de dónde había jugado su último partido, en Natal ante los italianos. Otro partido espectacular. En media hora , el equipo de Dunga ganaba 2 a 0 y le pintaba la cara a los celestes. Descontó Cavani y en el inicio del complemento, apareció como siempre Suárez. David Luiz, con el recuerdo de una pelota entre las piernas en juegos europeos ante Suárez y el temor de quedar otra vez en ridículo, no fue a fondo a marcarlo en el área brasileña, y el punta celeste puso el empate. En los minutos finales, pudo ser victoria de visitante del equipo de Tabárez. Ese día fue el final de la era Dunga, abriendo las puertas para Tite en Brasil.

Tras una gran temporada, con 59 goles en Barcelona, un desgarro en la final de la Copa del Rey, a minutos de culminar el año europeo, lo dejó afuera de la Copa América Centenario en Estados Unidos 2016. Ante Venezuela, en el segundo partido, cuándo la derrota condenaba a la eliminación a Uruguay, Suárez saltó del banco, calentó por su cuenta, y quiso jugar. El Maestro Tabárez sabía que no estaba en condiciones, lo protegió de sí mismo, no lo hizo entrar y la imagen de Luis pegándole un puñetazo al acrílico del banco de suplentes dio la vuelta al Mundo. Dos días después, en conferencia de prensa, reconoció su error y pidió disculpas públicas.

Fue clave en el final de las Clasificatorias Sudamericanas para poner a Uruguay en Rusia. Debutó ante Egipto sin goles. Ante Arabia será centenario y sus mil historias con la celeste amenazan con más capítulos.

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Mundo Deportivo

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