Desde que la Copa de Europa se convirtió en Champions League y dio un paso decisivo para internacionalizar el fútbol europeo, el mercado de fichajes entre los grandes clubes cobra otra dimensión, puesto que su impacto no debe valorarse solamente en la competición doméstica, sino también en la lucha con los otros aspirantes al triunfo en la competición europea.

En realidad ese es el verdadero objetivo de los superfichajes que cada año revolucionan el fútbol. Incluso los clubes de competiciones locales no demasiado fuertes intentan acercarse al nivel los grandes aspirantes. El importante ingreso extra que supone la participación europea financia el negocio, pues el mismo proceso se da, a menor escala, en la Europa League.

Así, la lucha de los clubes punteros en los fichajes puede entenderse como los primeros partidos de una Liga de Campeones que comenzará en septiembre. Descubrir a la estrella en ciernes en algún club no puntero, o una fuerte inversión para arrebatar una estrella a un rival no solo refuerza la propia plantilla sino que debilita la rival.

Así, en ese contexto hay que entender la marcha de Cristiano Ronaldo del Real Madrid a la Juventus, la poca disposición del PSG a dejar marchar a Rabiot, los dimes y diretes con Neymar, también en la órbita de Al Khelaifi.

Por ejemplo, en este sentido el pase de Mahrez (68 millones) del Leicester al Manchester City de Guardiola significa que entrará en juego en la Liga de Campeones con un favorito, por ejemplo. Aunque los clubes ingleses cierren en breve (9 de agosto) su mercado de fichajes, el resto de participantes en la Liga de Campeones seguirán seguramente muy activos hasta el 31 de agosto.

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