El cliente abandona el Bernabéu porque ni siquiera un monstruo como el Real Madrid escapa a la ley de la oferta y la demanda. El socio demanda buen fútbol y el Madrid no se lo está ofreciendo. Así que el aficionado se va antes de tiempo o acude en menor número, como sucede en cualquier negocio que baja sus estándares de calidad. Si el Madrid abriera una oficina de atención al cliente después de los partidos las quejas no serían muy diferentes a esta: los baños, bien; la calefacción calienta pero el equipo no juega a nada. Sin embargo, es muy probable que la próxima vez que el Madrid comparezca ante sus usuarios lo haga con un trofeo debajo del brazo. Las probabilidades de que gane el Mundial de clubes son altas. Lo son para el representante de Europa en los últimos años. No hay más que ver el nivel ofrecido por River hace solo una semana. El gran valor del Mundial de clubes es cómo se llega, después de ganar una Champions. Pero una vez en Abu Dabi, la competición no deja de ser un torneo de verano que se juega en invierno.

Presumir lo justo

El rumbo del Madrid actual es tan errático que abre la mano a una sorpresa. Si lo ha zarandeado el Huesca, el CSKA y el Rayo le ha dado un susto, no hay motivos para creer que unos japoneses o quien quiera que se cruce en su camino no vaya a hacerlo. Se supone que a los jugadores les entrará el típico ataque de responsabilidad que corresponde a la situación y que se emplearán como siempre en los momentos límite. Se supone que el Madrid ganará el Mundialito. Pero el supuesto triunfo no debe ser una pantalla ni un engañabobos. Bien está ganarlo. Es una obligación. Aunque la responsabilidad pasa por reconstruir un equipo que tiene que mirar hoy al sorteo de la Champions y que debe recuperar las constantes en la Liga. Hay frentes abiertos como el caso Isco, la baja forma de algunos jugadores o la posibilidad de fichar en invierno que no va a sepultar un Mundialito más o menos en las vitrinas.

Lo del Cholo

Llama la atención que haya sido un tipo tan templado como Modric quien haya bajado al barro del Cholo Simeone. El derecho a la réplica le pega a Sergio Ramos, con su sangre caliente y esos andares de cuando va a tirar un penalti a lo Panenka. Al fin y al cabo, Simeone no ha hecho nada que esté fuera de la cultura de la eterna rivalidad. El antimadridismo recalcitrante es una condición del hincha rojiblanco, como lo es al contrario. El Cholo se comporta como un hincha porque forma parte de su marketing. A sus jugadores les convence en la pizarra y a sus aficionados les convence haciéndose pasar por uno de ellos. Si fuera entrenador del Madrid, haría lo mismo. En estas, se cruzó Courtois, que ha estado en los dos bandos y que viene a demostrar toda esta la teoría. Fue un antimadridista recalcitrante cuando vestía los colores del Atlético y ahora quiere blanquear su imagen metiendose con el Cholo. Y si jugara en el Arges Pitesti de Rumanía, haría exactamente lo mismo. El postureo propio de los tiempos hace el resto. Antes se odiaba por convencimiento. Hoy hay que ganar likes y zascas para aparecer como un madridista o un ropjiblanco auténtico.

Ver en la fuente original.


Marca

La mejor información deportiva en castellano actualizada minuto a minuto en noticias, vídeos, fotos, retransmisiones y resultados en directo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *