Cristiano Ronaldo y el Real Madrid separarán sus caminos en la semana que ahora empieza, justo nueve años después de iniciar una de las relaciones más productivas de la historia del fútbol. Nadie tiene una bola de cristal para adivinar el futuro y nada más sujeto a los cambios que el voluble mundo del deporte, repleto de intereses, donde las voluntades se compran, los sentimientos cambian y las palabras son papel mojado. Tampoco abunda la memoria. Incluso pensando esto, las opciones de que el delantero portugués siga jugando cada domingo en el Bernabéu son remotas. Se trata de un terremoto para el equipo que acaba de ganar otra vez la Champions. Para el jugador pueden abrirse otros horizontes, pero nadie sabe si con tanta grandeza. Salvo la Juventus, si es que finalmente Cristiano acaba en Turín, todos pierden. Es la derrota colectiva.

La situación del caso Cristiano Ronaldo

No hay marcha atrás. La batalla ahora está en las formas. Todos buscan una coartada. El Madrid invita al jugador a decir que es él, y sólo él, el que desea marcharse. Esto no tiene que ser cierto, por supuesto, pero sería más llevadero para la próxima temporada, por si la pelota no entra. La cláusula de salida baila en función de la actitud que tome Cristiano. Si da el primer paso, vale 100. Si no hay pronunciamiento, 1.000. El delantero portugués no traga con los chantajes aunque puede sentirse presionado porque ya ha dado su palabra a la Juventus y el campeón italiano sólo ficha todo a 100. Dispuestos a ceder algo (y a su agente le interesa), podría llegar a hacer un comunicado. Es difícil que firme una cláusula de confidencialidad que compre su silencio a la hora de contar la historia de su salida. No quiere que nadie le escriba el relato. Tampoco llevaría muy bien juntarse con Florentino Pérez en un acto.

La realidad es que se va por el presidente, porque quería retirarse en el Madrid. Era su sueño.

Seguro que Cristiano pecó de insoportable en estos últimos años. Sus pataletas fueron numerosas. La de Kiev resultó bochornosa. El aficionado del Madrid tiene en la retina a Cristiano hablando de su equipo en pasado antes de que Sergio Ramos recogiera la Decimotercera. El futbolista, visceral, tenía acumulado el malestar de una subida de sueldo prometida que nunca llegó mientras seguían los devaneos por Neymar para el que sí había dinero en la caja. Ocurrieron otros desplantes. Sintió cierto desapego. No marcó en la final de Kiev, detalle frustrante en su concepto del juego, y todo ese ardor rezumó en mala hora.

En estos días, esa torpeza de Ronaldo puede haber anestesiado a cierta parte de la hinchada, tan tranquila a la hora de digerir su posible marcha, como si saltara del barco un cualquiera. Un sector de la grada del Bernabéu siempre estuvo enamorada de sus goles, pero no de la persona. Hubo quien incluso silbó. No hay manifestaciones pidiendo que recapacite y se quede. Tampoco Lopetegui, el primer entrenador en nueve años que saldrá a la cancha sin los 40 o 50 goles que aseguraba Cristiano por temporada, ha ido a su casa a convencerle de que se quede. El Madrid no funciona así. Y Ronaldo podría irse dejando atrás 451 goles, tope en la historia del club, y 16 títulos, cuatro Champions entre otras cosas. Es el hombre que lideró al Madrid a la hora de dejar la cuenta de Copas de Europa con el Barça de Messi en 13-5, es decir, en la misma kilométrica distancia que antes de que existiera el mesías azulgrana (9-1).

Seguro que el pecado de Florentino es considerarse el hombre más importante del club. Y puede que lo sea. Pero los héroes están en el césped. Desde esta óptica, la relación con Cristiano ha durado mucho más allá de la lógica. Simplemente se han tolerado. A Cristiano le interesaba la dimensión de leyenda que le han dado sus triunfos en el Madrid y disfrutaba mucho con la vida en la capital. Florentino ha aguantado porque le ha ido de cine con el ‘crack’ portugués. Óscar al fichaje… de Ramón Calderón. El club se arriesgó pagando 90 millones y aquello fue una jugada maestra. Ahora, Pérez considera que la venta puede serlo también.

El divorcio es evidente. Cristiano no es feliz y se quiere ir sin saber si su trayectoria será tan gloriosa a partir de ahora, lejos del Bernabéu, pero su decisión nada tiene que ver el dinero. El Madrid le iba a pagar lo mismo que le abonará la Juve, si es que se consuma el traspaso. Florentino, muy disgustado por el desplante de Kiev, ya no quiere contentarle más. A veces le decía cosas que Cristiano no quiere escuchar. Y le ha jubilado, aunque no se atisbe su ocaso deportivo: 44 goles en 44 partidos. Su profesionalidad es intachable. ¿Quién se cuida más que Ronaldo? Florentino se ha cansado de complacerle porque el nuevo cromo es Neymar. Se hartó de la marca CR7. Y Cristiano, que se siente el rey, no quiere tratos de plebeyo. La grieta antes que el terremoto. En el epicentro del seísmo, el Madrid, abocado a una era de incertidumbe.

Suscríbete a la newsletter de Primera Plana para recibir cada fin de semana en tu correo los mejores temas y opiniones.

Leer en la fuente original


Marca

La mejor información deportiva en castellano actualizada minuto a minuto en noticias, vídeos, fotos, retransmisiones y resultados en directo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *